LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA
Por Jaime Correa Díaz.
Los orígenes doctrinarios e ideológicos de la democracia cristiana se remontan a fines del Siglo XIX con la publicación de la primera encíclica social de la Iglesia denominada Rerum Novarum (1891) del papa León XIII, que fue el impulso doctrinario inicial a partir del cual se hizo un llamado a los cristianos a participar activamente en la construcción de un mundo más justo para los trabajadores y los humildes, en una época de marcada insensibilidad de la elite gobernante y los partidos políticos tradicionales frente a las dramáticas consecuencias de la “cuestión social”.
Sin embargo, la encíclica no fue bien recibida por la unanimidad del mundo católico, pues fue rechazada por amplios círculos conservadores, pero su divulgación fue un aliciente para las actividades socialcristianas tempranas destinadas a atender las necesidades de salud, educación y vivienda de los más pobres.
Entre los precursores del movimiento socialcristiano chileno se destaca el sacerdote jesuita Fernando Vives Solar, siendo su principal obra, el desarrollo de una fructífera labor de formación con la juventud católica en doctrina social, creando innumerables círculos de estudios, eclesiásticos, parroquiales, en donde se reflexionaba sobre las enseñanzas sociales de la Iglesia y su aplicación a la realidad nacional.
Asimismo, muchos de los conductores iníciales del partido, desarrollaron sus primeras actividades en éstos grupos de Acción Católica o en organizaciones similares, pero consideraron que su vocación no se podía cumplir plenamente dentro de un marco religioso.
En ese contexto, a principios de la década de los treinta, el país sufría una profunda crisis política, económica y social originada por las consecuencias de la gran depresión, que tuvo impactos importantes en el desarrollo del pensamiento político y social, pues favoreció el surgimiento de vanguardias políticas.
En ese escenario, ingresan a la Universidad Católica y de Chile, un grupo de jóvenes, provenientes mayoritariamente de sectores medios, católicos, de profundas inquietudes sociales, que se concentran principalmente a analizar las problemáticas sociales y estudiar las soluciones con la inspiración de la doctrina pontificia, pero fueron madurando la necesidad de actuar en el campo de la política.
Esto coincidió con los esfuerzos de importantes militantes del Partido Conservador como Rafael Luís Gumucio que intentaban atraer a la colectividad a nuevos cuadros juveniles, concibiendo la idea de convencer a Leighton y sus amigos, pese a que éstos poseían una negativa imagen de algunos conservadores que habían claudicado frente al régimen del General Ibáñez.
“Todos comprendíamos, que para aprovechar la ventaja de la admirable unidad ideológica que nos estrechaba, debíamos desarrollar nuestra acción dentro de un mismo organismo partidista, pero la inmensa mayoría resistía profundamente realizarla en la tienda conservadora”.
Sin embargo, y pese a las aprensiones, en 1932, y encabezados por Bernardo Leighton, se integran a la Juventud Conservadora, que desde 1937 comienza a denominarse también Falange Nacional. Ese mismo año, es nombrado Bernardo Leighton Ministro del Trabajo del Presidente Arturo Alessandri, Manuel Garretón era electo diputado por Santiago, se realizaron dos grandes convenciones nacionales en 1935 y 1937, mientras se crearon 250 centros organizados con una cantidad de militantes cercana a los veinte mil.
Entre tanto, al acercarse las elecciones de 1938, la convención de las “derechas” nomino como candidato al Ministro de Hacienda, Gustavo Ross Santamaría. La FN rechazo su candidatura por sus postulados del liberalismo económico e insensibilidad social. La derrota de la derecha y el triunfo del Frente Popular, ocasionaron que la FN fuera sancionada por los conservadores, sin embargo, los jóvenes falangistas no aceptaron la sanción y decidieron renunciar.
“Ahora hemos proyectado nuestro movimiento a un plan más amplio aún…iniciamos una nueva fase con renovada fe y optimismo”.
LA FALANGE NACIONAL
La tienda de la Flecha Roja comenzó una lenta pero fructífera labor de organización interna y un arduo trabajo en el campo social y en el sistema de partidos, no obstante, la joven colectividad política estuvo a punto de desaparecer tanto por desavenencias con la Iglesia como por los magros resultados electorales. Manuel Garretón señalaba en 1938 el rol de la FN en el sistema de partidos:
“…estar mas allá de las derechas y las izquierdas no significaba un término medio entre ambas, una posición de centro sin alma ni vida. Se trata de algo esencialmente distinto de los dos extremos, una posición clara, una actitud enérgica, dinámica y activa; una acción que deja atrás viejos moldes y métodos fracasados…”.
Por otro lado, la Falange Nacional rechazo desde un principio la dicotomía entre capitalismo y comunismo surgido a partir de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.
Desde un principio, el nuevo partido estuvo integrado por católicos, universitarios y profesionales de clase media, que con el tiempo se fueron sumando campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, discípulos de las doctrinas sociales, con una concepción del hombre que emanaba del cristianismo como del filósofo francés, Jacques Maritain y que poseían una fuerte cohesión ideológica2; rechazando el confesionalismo y los totalitarismos.
En el periodo entre 1938 y 1957, el partido participó de cinco elecciones parlamentarias y cuatro municipales, no superando el 4% de adhesión electoral tanto en las elecciones legislativas como locales, eligiendo entre 3 a 4 diputados, con un número reducido de regidores. Sólo a fines de los cincuenta logro revertir la tendencia al estancamiento.
Por otro lado, la influencia ascendente del social cristianismo se hace más relevante no tan solo desde un punto de vista intelectual o social, sino también político. Numerosos sacerdotes de la Acción Católica como Alberto Hurtado, Manuel Larraín, Jorge Fernández Pradel, Jorge Gómez, Oscar Larson y tantos otros, abrazaron las ideas sociales de la Iglesia y las fomentaron entre muchos jóvenes.
El surgimiento de núcleos políticos social cristianos como la Falange Nacional, el Partido Conservador Social Cristiano, el Partido Nacional Cristiano, y pequeñas agrupaciones, los hizo comenzar a confluir en un solo movimiento. En 1953, la FN y los conservadores social cristianos acuerdan constituir la “Federación Social Cristiana”. Tan solo faltaba constituirse en un solo partido.
El PARTIDO DEMÓCRATA CRISTIANO
El 28 de julio de 1957, en un acto solemne realizado en el salón de honor del edificio del Congreso Nacional, se fundaba oficialmente el Partido Demócrata Cristiano, producto de la fusión de la Falange Nacional y el Partido Conservador Social Cristiano, junto a pequeñas agrupaciones e independientes.
En 1958, presentaron al prestigioso abogado y Senador Eduardo Frei Montalva, como el primer candidato presidencial demócrata cristiano, obteniendo un promisorio tercer lugar, detrás de Jorge Alessandri y Salvador Allende.
A partir de entonces, el nuevo Partido Demócrata Cristiano comenzó una fase de ascenso electoral. El trabajo desarrollado con los jóvenes, las mujeres, los campesinos, obreros y profesionales implico un incremento en la militancia y de su adhesión electoral.
El trabajo de formación doctrinaria impulsado por el ideólogo Jaime Castillo Velasco, además de la labor de difusión de la Revista Política y Espíritu y de la Editorial del Pacifico, fueron significativos aportes al trabajo de propaganda del partido y se expandieron a lo largo y ancho del país.
El arduo esfuerzo desarrollado por los dirigentes y militantes de base de la democracia cristiana tuvo como resultado que en las elecciones municipales de1963, se constituyeran en la primera fuerza política del país.
En 1964, el partido compitió en los comicios presidenciales con Eduardo Frei Montalva, quien triunfo por mayoría absoluta, presentando al país un programa de reformas estructurales denominado la Revolución en Libertad, convirtiéndose en el primer presidente demócrata cristiano del país y de América Latina.
La inmensa obra del gobierno demócrata cristiano en el sexenio entre 1964 y 1970 tuvo impactos profundos en el desarrollo nacional, promoviendo grandes reformas económico- social como la Reforma agraria, que posibilito la dignificación del campesinado y su liberación de un sistema feudal-patronal vigente desde la época colonial y por otro lado, la Chilenización y Nacionalización Pactada del Cobre.
Por otro lado, impulso políticas en vivienda, la gran reforma educacional, cambios en el sistema de salud y en infraestructura. Promovió como ningún otro gobierno la participación y sindicalización campesina y de los obreros y tuvo una exitosa política internacional, promoviendo la integración regional a través de la iniciativa del Pacto Andino.
Desde el punto de vista interno, la democracia cristiana tuvo un tremendo triunfo electoral en las elecciones legislativas de 1965 eligiendo 83 de 150 diputados y un número significativo de senadores. Por otro lado, se forjo un intenso debate sobre el rumbo del partido y del gobierno, lo que comenzó a generar un proceso de tensiones internas que termino en un abierto fraccionalismo a fines de la década con la renuncia de importantes cuadros juveniles y algunos parlamentarios creando el Movimiento Popular de Acción Unitaria (MAPU).
En un escenario complejo para el gobierno y el partido, y pese a los notables avances registrados en el país, se presento la candidatura del Ex Embajador y parlamentario, Radomiro Tomic Romero, para las reñidas elecciones de 1970, quien finalmente obtuvo el tercer lugar.
Durante el gobierno de la Unidad Popular, las relaciones con la democracia cristiana pasaron desde una “colaboración democrática” a puntos de tensión que se fueron agravando, pese al intenso dialogo propiciado por el Cardenal Arzobispo de Santiago, Raúl Silva Henríquez. Finalmente, los esfuerzos por salvar a la democracia chilena en medio de la polarización no fructificaron y las intentonas golpistas de la derecha se concretaron el 11 de septiembre de 1973 con la asunción de una Junta de Gobierno de facto encabezada desde sus inicios por el General Augusto Pinochet (1973-1990).
Las nuevas autoridades castrenses, con el apoyo de grupos de civiles provenientes del ex Partido Nacional y del Gremialismo (posteriormente la UDI), clausuraron el Congreso, los Partidos Políticos, los sindicatos y persiguieron, exiliaron e hicieron desaparecer a miles de compatriotas. Por otro lado, aplicaron políticas de liberalización económica, y de ajustes en el Estado, lo que implico a fines de los ochenta, que un 40% de la población nacional se ubicará bajo la línea de la pobreza, con una alta cesantía, inflación, reducción de salarios, y la precarización del empleo.
Sin embargo, el partido desde la clandestinidad lucho por la defensa de los derechos humanos y por el restablecimiento de la democracia y el Estado de Derecho. Se opuso tenazmente por medios pacíficos a la perpetuación y a los atropellos del régimen. Muchos dirigentes y militantes partieron al exilio, Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno, sufrían un atentado terrorista en Roma, posteriormente la desaparición del universitario, Mario Martínez, mientras que otros eran torturados y silenciados.
El partido y el resto de la oposición se contrapusieron a la Constitución de 1980, y se propicio una estrategia de movilización social pacifica a través de la organización de los trabajadores, estudiantes, gremios para presionar al régimen a la apertura y una salida a la democracia. En enero de 1982, muere el líder opositor y ex presidente de la República y del Senado, Eduardo Frei Montalva, en circunstancias aun no aclaradas.
Finalmente, en 1988, la Junta Militar, convoco al histórico Plebiscito del 5 de Octubre, donde las fuerzas opositoras al régimen, que habían ido dejando de lado las divisiones del pasado, y liderados por la democracia cristiana, logran articular un Comando por el No y una estrategia común, propiciándole al régimen la derrota en las urnas. El desaparecido diario opositor Fortín Mapocho, titulo: “Corrió solo y salió segundo”.
En 1989, el demócrata cristiano, abogado y ex senador, Patricio Aylwin Azocar, se convierte en el abanderado de la oposición recientemente bautizada como Concertación de Partidos por la Democracia, quien por amplia mayoría triunfo sobre el candidato civil de la continuidad del régimen. De esta manera, pacifica y democráticamente, se comenzaba a dejar atrás una época oscura y de enfrentamiento, que dividió profundamente a la familia chilena.
El gobierno de Aylwin (1990-1994) fue nítidamente el de la transición a la democracia. El tema fundamental fue el de gobernabilidad, el reestablecimiento de la verdad en materia de derechos humanos a través de la Comisión Rettig, la reinserción de Chile en el contexto nacional y propiciar una fuerte política social debido a la gran pobreza e indigencia en el País que casi llegaba al 40%. Junto con esto, las relaciones entre los civiles y los militares ocupo una parte de las preocupaciones del nuevo gobierno democrático, en donde, los militantes presionaron al gobierno por algunos juicios a militares a través del denominado “Boinazo” y los “Ejercicios de Enlace”.
Por otro lado, durante el periodo de Aylwin, el partido fue conducido por el Senador Andrés Zaldívar, quien bajo su conducción organizo el IV Congreso Nacional Ideológico, a fines de 1991. Posteriormente, fueron presidentes nacionales del Partido en el periodo, Eduardo Frei Ruiz Tagle y Gutenberg Martínez.
La Democracia Cristiana nuevamente compitió con un militante de sus filas, el Senador Eduardo Frei Ruiz Tagle, que al triunfar en primarias internas sobre el candidato socialista Ricardo Lagos, se convirtió en el candidato único de La Concertación, que se impuso con una arrolladora ventaja al postulante derechista.
El Gobierno de Eduardo Frei (1994-2000) mantuvo algunos problemas con sectores de militares que poco a poco fueron subordinándose al poder civil, realizó una profunda reforma educacional y a la justicia, propicio estrategias de reforma y modernización del Estado, comenzó la política de Tratados de Libre Comercio (TLC), inicio las gestiones para el acuerdo de Asociación con Europa y el acuerdo del NAFTA. Mantuvo una economía sana y pujante, se redujo ostensiblemente los niveles de pobreza e indigencia, en tanto, que el Partido demócrata Cristiano, seguía siendo el partido electoralmente más fuerte del país y dentro de la coalición de gobierno.
Sin embargo, el Gobierno de Frei tuvo en los últimos dos años de gestión dificultades económicas desde el frente externo a raíz de la crisis asiática que afectaron las finanzas públicas y el crecimiento del país, lo que afecto el empleo.
Sin embargo, y pese a esos inconvenientes, la Concertación obtuvo el tercer gobierno a través de Ricardo Lagos Escobar (2000-2006). La Democracia Cristiana cumplió su palabra pese a los agoreros y apoyo masivamente a un candidato no demócrata cristiano.
En el periodo, la democracia cristiana tuvo como presidentes nacionales a los camaradas Alejandro Foxley, Enrique Krauss y Gutenberg Martínez.
En los últimos años, la democracia cristiana ha enfrentado innumerables desafíos. Sí bien no es el partido electoralmente mas grande de acuerdo a la ultima elección parlamentaria, sigue siendo la colectividad política más influyente, desde a lo menos casi cincuenta años. En los últimos años, ha tenido como dirigentes máximos del partido, a Ricardo Hormazábal, Patricio Aylwin, Adolfo Zaldívar y actualmente a la Senadora Soledad Alvear.
En estos momentos, se encuentra en plena fase del V Congreso Nacional, a través del desarrollo de un dialogo amplio y franco con la sociedad chilena, para impulsar, junto al gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet (2006-2010), los cambios que el país necesita en educación, previsión, salud y vivienda. |